Solo ida

Por Xabi Esnaola / Europa League

“Debemos cuestionarnos el statu quo en todo momento, especialmente cuando las cosas van mal”

- Garri Kasparov

Dejándonos llevar por el resultado la Real es una sociedad definitivamente anárquica. No suma puntos, más bien facilita que el rival se los lleve, y desde hace semanas que es experta en coleccionar disgustos. Sin embargo, eso no quita que ayer en Anoeta hiciera más cosas por ganar que su rival. La estadística tiene mucho que decir en favor del conjunto de Eusebio Sacristán. El primer periodo, en el que el Zenit concedió tiempo y espacio al conjunto txuri-urdin a partir del 0-1, se desarrolló de acuerdo al ímpetu de Asier Illarramendi, la torre de control desde la cual la Real Sociedad recibió las órdenes de robo y continuación de sus jugadas.

El 70% de la posesión, no así como otros días, tuvo mucho contenido durante los primeros 45 minutos. Las constantes referencias y recepciones tanto por fuera (Januzaj, Odriozola) como por dentro (Willian José, Oyarzabal, Prieto) rompían la presión del Zenit, la Real conseguía rematar lo suficiente como para adelantarse (dos ocasiones de Xabi Prieto, tres de Illarramendi, dos de Januzaj, una de Willian José, otra de Oyarzabal, dos de Kevin…) y en definitiva se comportó como un equipo que pretendía acabar liderando la fase de grupos (el plan del Zenit se redujo a la capacidad de Kokorin y Poloz para sobrevivir en la lejanía).

El sector derecho donostiarra volvió a castigar como no lo había hecho en los últimos encuentros y además los rusos no cortocircuitaron los triángulos asociativos que casi siempre tenían a Illarra como referente. El de Mutriku castigó la segunda línea (la más poblada) del equipo de Mancini con pases rompelíneas y su capacidad para atraer al rival, y por lo tanto liberar al compañero. Quizá se echó de menos más presencia de Oyarzabal, que cuando la tocó, el equipo lo notó. En cualquier caso, la mejor noticia que puede tener un entrenador es saber que su equipo está cerca de anotar un gol, y ayer Sacristán pudo respirar en este sentido. ¿El problema? Que el plan tenía billete de ida, pero faltaba comprar el de vuelta. El primer tanto del Zenit evidencia una cosa: la Real resucita hasta a un muerto. Con otra condición futbolística, y también mental, el error en salida de Iñigo Martínez no hubiera terminado en gol. Pero los jugadores de la Real, incluido su portero, no están por la labor de corregir situaciones de riesgo ni estando en superioridad numérica, síntoma de que el equipo necesita el menor número de errores posibles para no romperse a llorar.

El empate llegó tras el descanso gracias a un genial Januzaj, con una jugada de las que no se explican sin mencionar su talento natural. Hasta entonces no hubo síntomas de descomposición realista, pero como la fragilidad y el despiste son fuerzas comunes cada semana en Anoeta, instantes después de la igualada Ivanovic logró adelantar a su equipo otra vez. Mantener el ritmo de ocasiones de la primera hora de juego era una quimera, y con la necesidad de ganar la Real se preocupó más por centrar desde banda que dar continuidad al juego pausado que le caracteriza, y que de no ser por la fragilidad defensiva que atesora, hubiera tenido diferente resultado al que acostumbra.

Sacristán: “Hemos hecho todo para conseguirlo, tuvimos muchas ocasiones, pero no concretamos. Sin embargo, el rival ha estado más acertado y se han hecho merecedores del primer puesto, sobre todo por su eficacia. A través de nuestras ocasiones los tuvimos controlados, pero no las concretamos y perdimos el partido”

08 Dic 2017 1 comentario
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