Europa es mucho más lista

Por Xabi Esnaola / Europa League

“El hecho de superar rondas en Europa nos permitió adquirir una experiencia que fue fundamental para poder ganar la Liga en el tramo final de la temporada. […] Nosotros teníamos un buen equipo y éramos capaces de jugar tres partidos por semana y dar la sensación de que no se notaba. O eso creíamos nosotros.

- López Ufarte en MD

La Real no avanza. No crece. No cree. Más bien se recrea en la misma versión de siempre. No progresa porque su experiencia en Europa son malos recuerdos. Colecciona nombres con consonantes (Krasnodar, Salzburg)  mientras vive otro año más en el que el “click” se queda a medio camino. Esta temporada se ha alcanzado la fase de eliminatorias, es verdad, pero nunca con el convencimiento de poder llegar “al más allá”. Solo en los primeros partidos (Vardar y Rosenborg), y porque coincidió con el único pico de forma del equipo, hubo contenido para soñar. Y diría que tampoco tanto como para mirar muy lejos.

En el último partido europeo del curso, ayer la Real Sociedad fue víctima de su propio engaño. Tuvo un primer intento en el que quiso despistar al Salzburgo planteando un partido largo, de espera, a partir de una presión que no llegaba más allá de los centrocampistas del conjunto austriaco. Agirretxe aireaba las manos mirando a Canales. “No vayas. Aún no”, gestualizaba en repetidas ocasiones. El conjunto txuri-urdin buscó el error sin apresurarse, y pese a recibir sus frutos (el remate de Oyarzabal al larguero), fue el donostiarra el equipo que recibió el primer castigo; tras repartirse los errores, encajó el que siempre lo hace. 

En cuanto a la segunda mentira, comenzó tras el inexpresable 1-0 (nunca una disputa y centro lateral dieron tanto de sí). En ese instante las prioridades cambiaban, el resultado demandaba acción, y la Real se dispuso (más visualmente que en el sentido práctico) a luchar por el dominio, ese que en los últimos meses ha tenido que ver más con el control del balón que con un daño ofensivo real. A Europa, sin embargo, fue mucho más difícil engatusarla con los minutos vacíos.

El arsenal txuri-urdin volvió a traducirse en secuencias cortas pero muy lentas en la fase de creación, a excepción de un Raúl Navas que, ciertamente errático en dirección a Rulli (Hwang-Chan le venció tanto a él como a Elustondo en lectura y velocidad), estuvo notable con balón hacia adelante. A poco que los “puentes” (Zurutuza, Illarramendi) daban continuidad, el balón llegaba a los Canales, Oyarzabal y Januzaj. El belga (en la jugada previa al córner zarandea entre tres rivales) y el balón parado (que ha terminado siendo el arma principal de la Real Sociedad en su andadura europea) fueron el camino hacia el empate.

Al equipo de Rose le invadió la duda, pero no por las ocasiones realistas, que en verdad no existieron. Sin embargo la confianza de la escuadra local se recompuso en un segundo periodo en el que se hace muy difícil descifrar el plan de remontada donostiarra. Si es que realmente lo hubo, porque la Real actúo al borde del caos como si no tuviera pie y medio fuera de la Europa League. La entrada de Llorente y Bautista no trastocó ni el sistema atacante ni las sensaciones, que de hecho solamente volcaron en favor de los blanquiazules en el último tramo del encuentro, con el 2-1 en el marcador y Raúl Navas expulsado. Hasta entonces, Schlager (seguramente el jugador que mejor ha sacado a Illarramendi del mapa en lo que llevamos de temporada), Chan y Dabbur aclararon con cruel sutileza algo que más de una (y dos) de las 2000 almas presentes en el Red Bull Arena sabían: la Real Sociedad no tiene piel de Europa.

 

 

FOTO: GETTY IMAGES

23 Feb 2018 No hay comentarios

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